sábado, 4 de agosto de 2012

Presentación al libro "Las tensiones creativas de la revolución" de Álvaro Garcia Linera

Presentación de Patricio Echegaray a la edición argentina del libro "Las tensiones creativas de la revolución. La quinta fase del proceso de cambio en Bolivia"
Más información: www.edicionesluxemburg.blogspot.com



Bolivia en una época de cambios
No hay nada más práctico que una buena teoría
Vladimir I. Lenin

No por casualidad iniciamos la presentación de este trabajo del vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Álvaro García Linera, recordando una de las frases favoritas de Lenin: “No hay nada más práctico que una buena teoría”, sentencia con la cual el líder revolucionario se diferenciaba tanto de quienes interpretaban la práctica revolucionaria como una suerte de “espontaneísmo voluntarista”, como de quienes rechazaban la teoría concibiéndola como una mera especulación intelectual.
El postulado de Lenin, quien fue considerado acertadamente por Lúkacs como un “práctico de la teoría y un teórico de la práctica”, es una de las claves del pensamiento marxista, del pensamiento revolucionario mediante el cual, como decía el Che, las soluciones prácticas deben ser acompañadas de la reflexión teórica, capaz de reinterpretarla en un sistema conceptual coherente.
En esta línea de pensamiento e intervención política entendemos que se inscriben las reflexiones que nos entrega Álvaro García Linera en Las tensiones creativas de la revolución. La quinta fase del proceso de cambio en Bolivia, cuya edición argentina está a cargo de los amigos de Ediciones Luxemburg.
A lo largo de su trabajo, el autor presenta las diversas fases que, a su entender, ha ido atravesando el proceso revolucionario en Bolivia conducido por el presidente Evo Morales a partir de que en diciembre de 2005 ganó las elecciones generales con el 53,7% de los votos, constituyéndose en el primer presidente electo sin acuerdos políticos con los partidos con representación parlamentaria desde la recuperación de la democracia en su país en 1982.
La elección de Evo Morales sacudió las estructuras político-burguesas del hermano país, llevando a un, hasta ese momento, negado primer plano a la mayoría indígena sojuzgada, incorporando a Bolivia al núcleo de países que en nuestra América avanzan por el camino de la emancipación.
El éxito de la opción encarnada por el Movimiento al Socialismo (MAS) y Evo Morales fue lograr una gran síntesis entre el ancestral –pero poderosamente vigente– reclamo indígena y otras corrientes políticas de carácter antineoliberal y nacionalista, todas encolumnadas tras un único proyecto político. Esa fue, sin dudas, la explicación de la emergencia del liderazgo de Evo Morales por sobre otros referentes: su capacidad para expresar políticamente a los campesinos de las regiones marginadas del interior, pero también a indígenas y mestizos urbanos incorporados a los mercados más modernos, y que en muchos casos ya han abandonado definitivamente el quechua y el aymara. En suma, pudo expre¬sar un vasto contingente social agredido por un poder dominante ancestral e inmerso a la vez en la “modernidad neoliberal”.
La convocatoria a una Convención Constituyente para refundar el país, la recuperación de la centralidad del Estado en el control de los recursos hidrocarburíferos y la aprobación de una Reforma Agraria han constituido tres pilares fundamentales de lo que el gobierno de Evo Morales y García Linera han denominado “revolución democrática y cultural”.
Como suele sucederle a todo proyecto de cambios profundos y de transformación de estructuras político-culturales, el proceso boliviano ha enfrentado enormes desafíos y resistencias por parte tanto de las viejas clases dominantes, como de sus socios imperialistas, que han visto con creciente disgusto como vastas zonas de nuestro continente se han ido transformando de patio trasero de los Estados Unidos en una zona de resquebrajamiento de su hegemonía.
En este contexto, García Linera identifica cinco fases en el proceso boliviano: la primera, el develamiento de la crisis de Estado; la segunda, el empate catastrófico; la tercera, la capacidad de movilización convertida en presencia estatal gubernamental; la cuarta, el punto de bifurcación o momento jacobino de la revolución; y la quinta y actual fase del proceso revolucionario, la emergencia de lo que el autor denomina las contradicciones creativas.
Es a esta quinta fase a la que el autor le presta especial atención en este trabajo, planteando que estas son “tensiones propias de un proceso revolucionario que tiene que afrontar problemas, contradicciones y nuevas luchas no previstas ni planificadas con anterioridad porque así son las verdaderas revoluciones”.
Estas tensiones creativas, que García Linera identifica al interior del bloque popular, son: la relación entre Estado y movimientos sociales; la flexibilidad hegemónica frente a firmeza en el núcleo social; los intereses generales frente a intereses particulares y privados; y el socialismo comunitario del Vivir Bien.
Más allá de las diversas consideraciones que puedan hacerse a la periodización del proceso boliviano y a la caracterización de las tensiones que en la actualidad enfrenta, el trabajo de García Linera posee el mérito de encarar, en tiempo real podríamos decir, una teorización sobre los desafíos políticos de la etapa en su país. Y esto lo hace, a la vez, desde el lugar de ser uno de los intelectuales más respetados del continente y como protagonista central del proceso boliviano desde su cargo de vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia.
En esta particularidad, desde la que García Linera aborda la realidad boliviana, radica la originalidad e importancia de este trabajo que introduce temas de enorme trascendencia para los procesos en marcha en América del Sur.
En momentos de preparar esta presentación, pocas horas han pasado de un golpe de Estado parlamentario contra el presidente Fernando Lugo en Paraguay, en donde la resistencia al mismo comienza a organizarse.
En Bolivia, mientras tanto, una protesta policial, metodología que se está repitiendo con preocupante regularidad cuando se busca desestabilizar a un gobierno popular, busca imponerle condiciones al presidente Evo Morales en uno más de los intentos del imperialismo que, como jugador tanto externo como interno en nuestros países, no cesa en su búsqueda de horadar los procesos de emancipación.
Y es en este contexto donde la mirada planteada por García Linera sobre las tensiones que estos procesos deben enfrentar se ubica en el centro del debate y de las preocupaciones que enfrentamos todos aquellos que trabajamos en la construcción de instrumentos frentistas, amplios en su convocatoria y profundos en su contenido programático, para sostener e impulsar los procesos de segunda y definitiva independencia que van tomando cuerpo en buena parte de la región.
En nuestra opinión, el proceso boliviano se enfrenta, al igual que el conjunto de los procesos de la región, a exigencias que se han convertido en una suerte de leyes de cuyo cumplimiento depende en buena medida la posibilidad de frustrar los planes de las derechas y seguir avanzando.
La primera de ellas es ser consciente que, más allá de las importantes transformaciones realizadas por Evo Morales, igualmente está obligado a encarar en esta etapa medidas estructurales que choquen con el capitalismo boliviano.
Esta primera ley de avanzar para no retroceder se complementa con la necesidad que tienen todos los procesos del continente, sin excepción, de construir una fuerza política y social capaz de agrupar la energía de las mayorías beneficiadas y, por lo tanto, interesadas en sostener y profundizar estos cambios, fuerza vital para desbaratar los avances desestabilizadores con los que el imperio y la reacción interna tratan de frenar estos procesos, deteriorarlos y derrotarlos.
Con sus particularidades, todos nuestros países, sus gobiernos y los sectores populares enfrentan tensiones producto tanto del devenir político como de las historias y experiencias que, en gran medida, son invocadas para intentar explicar la disgregación de nuestras fuerzas.
Enfrentar estas contradicciones y superarlas con el espíritu unitario que nos inculcó el Che Guevara es el desafío principal que enfrentamos en nuestra América.
Las reflexiones de Álvaro García Linera sobre la realidad en Bolivia constituyen un insoslayable aporte en este sentido.
Patricio Echegaray
Secretario General del Partido Comunista de la Argentina

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